Primera Crisis del Hipercapitalismo

Created on Thursday, 16 October 2008 Last Updated on Wednesday, 22 January 2014 Published on Thursday, 16 October 2008 Written by Dr. Alvaro Cuadra
Por Álvaro Cuadra*

La actual inestabilidad de los mercados financieros del mundo, plantean una serie de interrogantes. La inquietud ante los acontecimientos no sólo atañe a los expertos y a las autoridades de organismos nacionales e internacionales, sino que es parte de la vida cotidiana de millones de personas en todo el planeta. No podemos olvidar que, el vocablo “crisis” viene del griego y, entre otras acepciones significa “juzgar”. Toda “crisis” es, pues, una invaluable oportunidad para revisar y evaluar aquellos comportamientos que han llevado a esta situación. Es bueno y necesario, entonces, plantear algunas cuestiones de manera serena y con un lenguaje lo más sencillo, en lo posible, para delimitar los contornos de ésta, la primera crisis de lo que hemos llamado el Hipercapitalismo del siglo XXI.

1.- ¿La Crisis Financiera Mundial actual es el fin del capitalismo?

Hace ya algunas décadas René Thom nos enseñó la diferencia conceptual entre “crisis” y “catástrofe”. Toda “crisis” es más una disfunción que una alteración estructural. En este sentido debemos tener presente que toda “crisis” supone y exige un nivel de subjetividad. Los sistemas físicos son susceptibles de entrar en “estado crítico”, pero jamás en “crisis”. En suma: el concepto de “crisis” podemos entenderlo como un estado transitorio que consiste en el debilitamiento de los mecanismos de regulación frente a causas reales o imaginarias.

La etiología de la crisis financiera global que azota a los mercados, es precisamente un debilitamiento de los mecanismos subjetivos de regulación que tiene como causa inmediata una disfunción en los flujml de valores, es decir, una “desconfianza” generalizada, en que cualquier opción de inversión es sentida como “amenaza”. Ahora bien, toda “crisis”, puede anunciar una catástrofe; sin embargo, ello requiere de un conjunto de factores concomitantes que multipliquen su efecto.

Como sabemos, el capitalismo es un régimen de producción que cristaliza con el ascenso de las sociedades burguesas y que ha tomado las más diversas formas políticas. El capitalismo, por definición, está ligado al desarrollo tecnológico y al comercio, expandiendo la noción de “mercado” como espacio de compra-venta. La irrupción del capitalismo sólo se explica como la conjugación de una serie de condiciones de posibilidad, desarrollo de fuerzas sociales, intereses económicos y saltos tecnológicos. Hasta la fecha, el capitalismo sigue expandiéndose a nivel planetario, en la justa medida que no se han producido las condiciones de posibilidad alternas para su ocaso. Como todo proceso histórico, esto puede llevar siglos.

La actual crisis financiera de carácter global no significa, en ningún caso, el fin de las actuales formas capitalistas que presiden las relaciones económicas. El capitalismo contemporáneo asiste más bien a una “crisis” y no a una “catástrofe”: en rigor, se trata de una disfunción en la regulación de los flujml financieros. Lo que resulta previsible es más bien la deslegitimación de la ideología neoliberal, mas no el fin del capitalismo.

2.- ¿Esta Crisis Financiera Mundial es análoga a la de 1929?

Muchos cientistas sociales han advertido que el régimen de producción capitalista ha entrado en una nueva fase de desarrollo. Podemos resumir su desarrollo en tres etapas. El capitalismo del siglo XXI sólo es pensable como sistema-mundo que culmina los periodos de internacionalización y de transnacionalización. La internacionalización de la economía y la cultura se inicia con las navegaciones transoceánicas, siglo XV, la apertura comercial de las sociedades europeas hacia el Lejano Oriente y América Latina, y la consiguiente colonización hasta el siglo XIX. La transnacionalización es un proceso que se va formando a través de la internacionalización, pero da algunos pasos más desde la primera mitad del siglo XX al engendrar organismos, empresas y movimientos cuya sede no está exclusiva ni principalmente en una nación. El sistema-mundo, o globalización, se fue preparando en estos dos procesos previos a través de una intensificación de dependencias recíprocas, el crecimiento y aceleración de redes económicas y culturales que operan en una escala mundial y sobre una base mundial desde la últimas dos décadas del sigo XX.

A diferencia de 1929, el capitalismo global o Hipercapitalismo es un sistema en red. Esto significa que sus flujml reales y virtuales se organizan como una red de nodos descentralizados, de carácter horizontal que cubre todo el planeta. El mercado se ha convertido en un espacio virtual. Esto quiere decir que el capital se ha hecho “abstracto”, esto es, ha disociado la “referencia” a procesos productivos de la “economía real”, para instalarse en operaciones financieras “derivadas”.

Por todo lo anterior, la analogía con la crisis de principios del siglo XX no se puede sostener. Asistimos al despliegue de un fenómeno inédito: la primera crisis del Hipercapitalismo del siglo XXI.

3.- ¿Esta Crisis Financiera puede devenir una Crisis Económica?

Si bien el Hipercapitalismo ha sido capaz de generar una economía paralela, ésta no se ha emancipado por completo de la llamada “economía real”. En este sentido, hay una íntima y estrecha relación entre lo que acontece en la esfera de lo “virtual” y los procesos productivos que la justifican.

Cuando las tasas de interés dificultan el crédito, por ejemplo, es claro que las inversiones se tornas más riesgosas. Lo mismo ocurre con las materias primas de los países emergentes sometidas a los altibajml del mercado, como ocurre con el cobre o el petróleo, lo que repercute en las economías más débiles. La inestabilidad de los mercados es un índice de riesgo que “enfría” la “economía real”, arrastrándola a un periodo recesivo. Si la situación se prolonga en el tiempo, una “recesión económica” deviene una “depresión económica”. Una crisis del capitalismo virtual se transforma en una crisis económica mundial.

La “economía virtual” es de carácter especulativo, pero no es autónoma respecto de la “economía real”. Esta mutua dependencia se está observando ya en la economía mundial. Sin ningún ánimo catastrofista, todo indica que la “recesión económica” ya se ha instalado en los países desarrollados y, es muy probable, que se expanda a otras latitudes el próximo año.

4.- ¿Por qué hay desconfianza en los mercados mundiales?

En el Hipercapitalismo, las relaciones económicas se han desplazado desde el ámbito de los “referentes” o “economía real” al dominio de la “significación” o “economía virtual – especulativa”. Ello explica el carácter subjetivo de los mercados actuales. La actual crisis financiera se traduce, en concreto, en una inestabilidad de los mercados bursátiles. El alza súbita y el brusco descenso son la tónica en todas las bolsas del mundo, arrastrando a los públicos del pánico a la euforia. Esta situación genera relaciones de “doble vínculo” con la realidad económica, pues impide la discriminación lógica y racional de “valor”. En pocas palabras, la inestabilidad produce la “desconfianza” en los agentes del proceso

No podemos olvidar el carácter “especulativo” que posee el mercado virtual. En efecto, los agentes especuladores juegan sus apuestas a la baja o al alza de determinados valores, aprovechando los vaivenes de la subjetividad colectiva. Así, cualquier medida remedial de algún gobierno es aprovechada con astucia al alza, del mismo modo que cualquier “mala noticia”, por nimia o marginal que ésta sea.

Por último, en un mundo en que los medios de comunicación son capaces de fabricar el presente mediante la híper industrialización de la cultura, no tiene nada de raro que la crisis financiera mundial se haya convertido en un espectáculo de masas. Cada día, los públicos de todo el mundo son “informados” de lo que acontece en las bolsas de todo el orbe. Por su carácter narrativo y audiovisual, el acontecimiento se transforma en un “drama” plagado de suspenso y amenazas. El resultado no podría ser otro que el pánico.

5.- ¿Qué riesgos existen para América Latina y Chile?

El riesgo inmediato de una crisis financiera de escala global, para muchos países de Latinoamérica, es la desestabilización de sus precarios sistemas democráticos. La caída de las exportaciones, así como la depreciación de las materias primas en los mercados internacionales, sólo augura un dramático crecimiento del desempleo, una disminución de las tasas de crecimiento y el aumento de la conflictividad social. Un cuadro tal es el terreno propicio para tentaciones populistas y nacionalistas, tanto de derechas como de izquierdas.

Las democracias latinoamericanas han advenido, como norma general, tras experiencias traumáticas, como han sido las guerras civiles en América Central o las atroces dictaduras de gran parte de Sudamérica. Esto significa que la tradición ilustrada-republicana del siglo XIX no mantuvo su continuidad histórica y cultural, por más que se haya intentado su restitución formal en muchos de esos países. Las características de sus modelos productivos y la subsecuente estratificación social mantienen rasgos premodernos en muchos de sus aspectos, constituyendo un grave déficit social y cultural en todos los países de la región. Dicho en pocas palabras: América Latina no posee, hoy en día, una tradición democrática arraigada en su cultura.

Las políticas monetaristas aplicadas como dogma por el Fondo Monetario Internacional sólo han acrecentado la vulnerabilidad social de los sectores más pobres y de las naciones en su conjunto. Basta examinar las experiencias recientes en Argentina, Bolivia o México. En este mismo sentido, ni siquiera en aquellos países modelo, como es el caso de Chile, las políticas neoliberales han sido eficientes, pues todos los índices señalan a este país como uno en que la distribución de la riqueza es escandalosamente injusta. Si a lo anterior se agrega una corrupción estructural en la mayoría de las naciones latinoamericanas, y políticas ineficientes en ámbitos tan sensibles como el de la salud y la educación, el panorama es desolador.

La crisis financiera de alcance mundial es un riesgo gravísimo para los actuales sistemas políticos en América Latina, pues quiérase o no, sufrirán el embate económico y político de gobiernos y corporaciones del mundo desarrollado, interesados en preservar sus intereses en la región al menor coste posible. Pero al mismo tiempo, nuestras frágiles democracias deberán enfrentarse con las demandas de sus pueblos sumidos en la miseria y la cesantía. Si como han previsto los expertos, esta primera gran crisis del siglo XXI será larga y dolorosa, el horizonte latinoamericano es más que inquietante, pues la historia enseña que cuando se debilitan los cauces políticos surge, inevitable, la violencia.

6.- ¿Qué se avizora al final del túnel?

El capitalismo ha generado un mundo injusto en que la riqueza se concentra en muy pocas manos, a un costo muy alto que pagamos todos: pauperización de la mayoría, precarización de los empleos, degradación moral de las relaciones humanas y de las formas políticas que origina, lo que redunda, finalmente, en un estado de crisis social y medioambiental generalizado. La modernidad capitalista puede ser definida como la naturalización de un estado de crisis y violencia permanentes.

El Hipercapitalismo construido desde la ideología neoliberal ha llegado, en virtud de su lógica interna, a un límite que exige la reconfiguración del sistema. El discurso neoliberal, muestra por estos días su carácter más antisocial que antiestatal. Más que renegar del Estado, el neoliberalismo significa subordinar las políticas de los Estados nacionales a las estrategias del capital. La crisis financiera que estamos viviendo deslegitima un discurso que se ha tornado hegemónico en el mundo por más de tres décadas.

La reconfiguración del Hipercapitalismo es un imperativo que nace de la inoperancia de su propia institucionalidad creada tras la Segunda Guerra Mundial. Tanto el Fondo Monetario Internacional, como el Banco Mundial, para no mencionar la Organización Mundial de Comercio, son instituciones añejas, incapaces de hacer frente a las otras crisis que se avizoran, como por ejemplo, la crisis alimentaria, crisis medioambiental, crisis energética.

El Hipercapitalismo, en cuanto orden tecno-económico del siglo XXI, debe confrontarse con los cambios políticos y culturales que se han verificado las últimas décadas. La crisis financiera global, que presagia una recesión económica mundial, es el resultado de décadas de especulación y desregulación, pero también es el resultado del clima cultural que ha prevalecido estos años. Como nunca antes, la humanidad entera, acicateada por los medios, se ha volcado al individualismo, con su secuela de exitismo y consumo, alejándose de formas humanas y solidarias de convivencia. La crisis financiera es sólo la manifestación inmediata de algo mucho más profundo, una honda crisis acerca del sentido de lo humano y de nuestro lugar en este planeta.

El Dr. Alvaro Cuadra es investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. ARENA PÚBLICA. Plataforma de Opinión. Universidad de Arte y Ciencias Sociales. ARCIS Hits: 6991