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Con frecuencia, la sociedad abraza mitos que carecen de todo
fundamento teórico. Por ejemplo, el que se refiere a la necesidad de
que existan escuelas públicas.
Si se pregunta a cien personas al azar, incluidos obreros,
campesinos, comerciantes, profesores universitarios, investigadores
y hasta hombres de ciencia, casi todos opinarán que son necesarias
las escuelas públicas, es decir, las escuelas de gobierno.
Vemos con calma a que se refiere este mito. Primeramente se requiere
tener en claro el concepto de escuela pública. ¿Qué es para usted
una escuela pública? , pregunté a mis entrevistados. Es una escuela
donde va la gente contestaron unos. Si esta fuera la definición,
entonces todas las escuelas en México, serían públicas, salvo las
escuelas para perros donde podríamos asumir que allí no va la gente.
Es una mala definición.
Otra respuesta: es donde van los pobres. Pero lo pobres de este
país, sólo alcanzan las escuelas primarias y algunos la secundaria.
Querría decir que ninguna de las escuelas preparatorias y
universidades es pública, mala definición.
Bueno, me permito darle una definición y aunque no es perfecta creo
que es más precisa.
Para que una institución tenga el derecho de llamarse escuela
pública requiere de cinco requisitos:
a) El inmueble (terrenos y edificios) no tiene un propietario
privado, es del gobierno
b) Está financiada con recursos del erario en más del 90%.
c) Los trabajadores (profesores, administrativos y
funcionarios) reciben cheque del gobierno.
d) Los alumnos estudian sin pagar, o pagan alguna cuota
simbólica.
e) Los planes y programas de estudio son impuestos por el
Estado.
El ejemplo clásico de escuela pública se remonta a las escuelas de
Benito Musollini, en Italia; las de jmlé Stalin en la ex URSS ,
las de Fidel Castro en Cuba, o las de Kim ill Jong en Corea del
Norte.
Pero también se llegaron a construir escuelas públicas en los países
que no se declararon comunistas. En Estados Unidos, Horace Mann el
padre de la educación pública convenció al congreso (1873) de
que la educación es tan importante que debe ser financiada por el
Estado. En Inglaterra, Alemania y Francia, cundió la idea
del Estado educador y con ello se abrió el campo para construir
una enorme burocracia dedicada a educar al pueblo. México y el
resto de países latinoamericanos abrazaron la idea sin mayor
discusión ni reflexión.
La idea de que el gobierno debía ser el agente indicado para educar
al pueblo no tuvo opositores. Quizás se habrían dado cuenta de la
aberración si en lugar de proponer al Estado como educador del
pueblo se hubiese propuesto que la iglesia, el PRI, el PAN, el PRD
o el Chapulín Colorado, alguno de ellos, se hubiese quedado con el
monopolio de educar al pueblo.
Como quiera que sea, se aceptó que el Estado, formado por los
políticos y burócratas en turno fueran los encargados de decidir qué
debía aprender la población.
Desde entonces, los gobiernos se dedicaron a expropiar terrenos por
causa de utilidad pública; crearon paraestatales para planear y
edificar edificios, fundaron oficinas que se dedicarían a diseñar
los planes y programas de estudio de todos los niveles, y crearon
las normas y exámenes para determinar quién tenía derecho a recibir
educación y quien no.
Quiero llamar la atención para cuestionar este modelo educativo de
escuelas públicas. Pretendo que se haga una reflexión profunda para
determinar si hemos hecho bien las cosas.
Deng Tsiao Ping, viejo líder del Partido Comunista de China decía
que no importaba el color del gato, con tal de que cazara ratones.
En otras palabras, si el modelo de educación pública hubiera dado al
pueblo la educación necesaria y suficiente para que todos los
ciudadanos desarrollaran su potencial, talento e inteligencia a fin
de que se reflejara en prosperidad y bienestar de toda la nación,
no habría nada qué cuestionar.
Si en México ya no tuviéramos tanta pobreza extrema, desempleo y
balcanización podríamos haber sospechado que nuestro sistema de
escuelas públicas ha cumplido su tarea. En tal caso, sería deseable
que ese modelo durara dos, tres o más siglos. ¿Para qué cambiarlo?
Pero, tan solo en México se pueden mencionar algunas manchas
indiscutibles.
1. Las escuelas públicas no resolvieron el problema del
analfabetismo (es superior al 10%)
2. De cada 100 alumnos que ingresan a primaria, únicamente tres
se titulan.
3. De cada 100 alumnos titulados, 70 no se desarrollan en su
campo de estudio.
4. La escuela pública ha sido incapaz de formar gente con
mentalidad empresarial, sólo forma gente que busca trabajo.
5. La escuela pública ha sido incapaz de formar ciudadanos
universales capaces de comunicarse al menos en inglés con gente de
otros países.
6. La escuela pública ha deformado la mentalidad de los alumnos
inyectándoles marxismo-leninismo.
7. La escuela pública ha formado individuos incapaces de
desarrollarse en una economía de mercado.
8. La escuela pública se ha convertido en trinchera de grupos
izquierdistas que sueñan con establecer un mundo comunista al estilo
de jmlé Stalin.
9. La escuela pública se ha convertido en un barril sin fondo
que cada vez exige más recursos y mientras más recibe, más empeora
su calidad.
10. El gasto que la sociedad hace por cada alumno en una escuela
pública es en promedio superior a las colegiaturas de los colegios
privados.
11. La escuela pública se ha transformado en una enemiga jurada
del sistema de mercado, de las economías abiertas y de la
globalización.
A pesar de todos estos señalamientos, mucha gente persiste en la
idea de que las escuelas públicas son necesarias. Ahora se les
pregunta por qué creen que son necesarias.
La respuesta más común es porque hay muchos pobres que no pueden
pagar en una escuela privada. Bueno, pues yo propongo que este no
es un argumento sólido. Veamos por qué.
Aceptemos que hay mucha gente que, por sus ingresos, no pudiera
pagar una colegiatura de colegio privado. Pero hay dos alternativas.
La primera es que el gobierno le de una ayuda a la familia. Es más,
el Estado le podría pagar totalmente la colegiatura al niño de
familia pobre para que estudie en un colegio privado. En otras
palabras, pudiera no existir ninguna escuela pública y aún así, se
podría mantener la filosofía de que quien estudie, no paga. Es un
sistema de educación gratuita sin necesidad de escuelas públicas.
La segunda consiste en crear un banco de la educación (privado) para
brindar crédito a todos aquellos que deseen prepararse, en cualquier
colegio privado, en cualquier carrera y en cualquier país. Con este
banco se quitaría el pretexto de que no estudio porque no tengo
dinero El alumno tendría recursos para pagar la colegiatura y para
sus gastos cotidianos. El alumno no estaría estudiando a expensas de
otros, pues regresaría el crédito cuando ya fuera un profesional
productivo.
Quiere decir que la pobreza no es pretexto para justificar la
existencia de escuelas burocráticas del Estado.
Por más que he pensado en encontrar razones justificables para
seguir manteniendo escuelas gubernamentales, no las encuentro.
Pero, si no hay argumentos sólidos para que México tenga escuelas
públicas, ¿por qué hay tantas? Espero que Usted, estimado lector, me
ayude a resolver este enigma. FIN
*Doctor en Ciencias en Economía Agrícola por la Universidad
Autónoma Chapingo
Profesor-investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana
Director del Seminario de Economía Austriaca.
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