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Es necesario eliminar el monopolio educativo del Estado |
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Escrito por Dr. Santos Mercado Reyes
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lunes, 28 mayo 2007 |
Ya no se puede ocultar que en México tenemos un desastre educativo
en todos los niveles. Así lo dicen los estudios internacionales y
lo reiteran, incluso, las instituciones del propio gobierno
mexicano. El problema es que no se sabe por qué, cuál es la tarea
que hicimos mal y, por lo tanto, cómo corregimos nuestros errores.
He aquí un diagnóstico y algunas propuestas.
En México no hay escuelas privadas genuinas
Las escuelas y universidades privadas genuinas son instituciones
educativas propias de una economía de mercado, capitalista o
neoliberal, como usted desee llamarles. Por otro lado, las escuelas
y universidades públicas son las instituciones educativas naturales
de un país socialista, comunista, fascista o nazi. Cada sistema
económico y político posee sus instituciones naturales, coherentes
con su definición.
Cuando un país marcha a la deriva, sin rumbo ni definición, se puede
observar la coexistencia de escuelas públicas y privadas, pero en
realidad prevalecerá una de las dos filosofías. Si el país es
mayormente socialista, las llamadas escuelas privadas estarán bajo
control del Estado; pero si la nación es fundamentalmente
capitalista, las escuelas estatales funcionarán bajo la lógica de
mercado.
En México, las llamadas escuelas privadas están sometidas al control
estatal porque nuestro país todavía no se define como una economía
capitalista o de mercado. Es, por tanto, difícil imaginar cómo
funcionaría un sistema educativo privado, con amplia cobertura,
calidad, pertinencia y no subsidiado. Aquí trataré de dar algunos
elementos.
Teoría sobre la naturaleza de los negocios
Hablar de empresas privadas significa hablar de negocios que
arriesgan capital en búsqueda de lucro a través de un bien o
servicio. Para que una actividad tenga el carácter de negocio
privado se necesita que haya uno o más propietarios, es decir,
individuos que deciden fundar una escuela o empresa con sus propios
capitales. Compran terreno, maquinaria, materia prima y contratan a
los trabajadores necesarios para producir los bienes que llevarán
al mercado con el fin obtener la ganancia deseada. Si venden lo
suficiente, sobreviven; si los consumidores no gustan del producto,
tendrán que cerrar y dedicarse a otras cosas.
Los negocios son tan caprichosos, difíciles y riesgosos que
únicamente los gobiernos pro-capitalistas han comprendido que no
deben meter las manos en absoluto. Dejan que la suerte de la
empresa se resuelva en el mercado, que los consumidores sean los
que decidan, mediante sus compras, si un negocio debe seguir o debe
esfumarse. Aún cuando el gobierno no interviniera en los negocios,
la mayoría de ellos muere antes de cumplir un año de operación, al
tercer año, menos del diez por ciento sobrevive.
Cuando se dice que el gobierno no debe intervenir en los negocios,
se dice que no debe dictar precios, tampoco debe imponer normas,
reglamentos ni forzar para que las empresas acepten sindicatos,
IMSS, ISSSTE, INFONAVIT, FONACOT, etc. Las contrataciones de
personal las debe decidir el empresario y las prestaciones deben ser
producto de la negociación directa entre empresa y trabajador, sin
ingerencia de sindicatos, mafias o gobiernos.
Por supuesto, México está lejos de este escenario. Nuestro país
vivió una larga época de socialismo donde el Estado tomó el control
de todos los rubros de la economía. Todavía hace 15 años, si usted
no era amigo del presidente, del gobernador o al menos de un
diputado, usted no podía abrir un negocio. O bien, tenía que
repartir dinero por todos lados para que le dieran los permisos.
Esto todavía se observa en algunos giros.
¿Existe el monopolio educativo del Estado?
Desde antes de la Revolución Mexicana ya el Estado se había arrogado
la tarea de ser el educador del pueblo. Con Porfirio Díaz se
inauguraban escuelas de gobierno y todos lo aplaudían, sin darse
cuenta del monstruo que se estaba creando. Con la Revolución
Mexicana se agudizó este estatismo educativo para abarcar
universidades, normales, escuelas de artes y oficios, etc., todas
del Estado. Pocos o quizás nadie cuestionó si los políticos o
burócratas que a codazos y sombrerazos escalaban las esferas del
poder eran los más indicados para decidir lo que los niños y jóvenes
debían aprender. Pero se aceptaba esta práctica porque era coherente
con el ideal de hacer de México un país socialista, todo bajo
control del Estado.
Es cierto que también se toleró la existencia y apertura
de “escuelas privadas” pero se hizo de manera semejante a la Italia
de Benito Musollini, todas debían estar sometidas al control y
supervisión del Estado. El gobierno se arrogaba el derecho de
cancelar la concesión cuando lo estimara conveniente. De hecho, en
México desapareció el concepto de escuelas y universidades privadas
al estilo de las economías capitalistas.
Después de un largo período de más de siete décadas de estatismo,
México se decide a abandonar las viejas estructuras y sumarse a la
nueva filosofía de mercados abiertos y competitivos donde el papel
protagónico lo juega el individuo en su papel de empresario.
En la economía, desde 1982, se han tomado medidas importantes aunque
insuficientes. Al menos se ha llevado un proceso de desregulación
para ampliar significativamente el margen de acción de los nuevos
empresarios, se han reducidos las reglamentaciones para el ingreso
del capital foráneo, etc. Pero en el campo educativo hay demasiada
oscuridad. No se sabe qué hacer con el monopolio estatal de la
educación. Qué hacer con una Secretaría de Educación Pública que
cuenta con más de un millón de empleados, con una UNAM que tiene
casi 300mil alumnos y 60 mil empleados. Se alcanza a percibir que
este monopolio es el causante de los pobres resultados que dejan a
nuestro país en los últimos lugares mundiales, se detecta que se
generan profesionistas mediocres, incapaces de moverse en esferas
internacionales y que sólo estudian para que alguien les garantice
una quincena segura. Este monopolio educativo estatal es el caldo de
cultivo para formar “luchadores sociales” que suben a las montañas,
cierras escuelas, declaran huelgas, y forman a los alumnos como si
fueran a ser los futuros ciudadanos de un país comunista. Pero casi
nadie se atreve a sugerir que todo esto se debe al monopolio estatal
de la educación.
¿Debe sobrevivir el monopolio estatal de la educación?
Hay quien cree, que el estado tiene la capacidad de reorientar la
educación para lograr pertinencia y calidad. Estas bellas palabras
carecen de todo sustento. La calidad que necesita México para entrar
a las grandes ligas de economías capitalistas no se la puede dar un
sistema burocrático. Cualquier escuela o universidad pública posee
una filosofía adversa al sistema capitalista. Es como pedirle al
diablo que enseñe el catecismo. La calidad de la educación tiene
que referirse a desarrollar el espíritu empresarial en los alumnos,
lo que es imposible pues en las escuelas públicas los
administradores y profesores no son empresarios, sino burócratas.
Los burócratas tienden a reproducir el cuadro, es decir, a formar
nuevos burócratas. Quiere decir, que debemos caer en cuenta que el
aparato educativo que tenemos no nos sirve, y lo que necesitamos, no
lo tenemos.
La conclusión es irremediable: es necesario destruir el monopolio
estatal de la educación, en todos los niveles y en todas las
latitudes.
¿Cómo desmantelar el monopolio estatal de la educación? No es una
tarea fácil pues existen muchos intereses que prefieren que todo
siga igual. Sin embargo hay algunas medidas que pueden ganar la
simpatía y el consenso rápido de la población.
Empecemos por introducior el sistema del bono educativo
Este sistema quiere decir que el gobierno deje de subsidiar a las
escuelas y universidades y en su lugar establece el subsidio
directo a los alumnos. El estudiante recibe cada mes un bono o
cheque intransferible que sirve únicamente para pagar la colegiatura
en la escuela que haya elegido. Es importante que sea un cheque
mensual y que se otorgue a través de la banca comercial. El alumno
tendrá derecho de cambiar de escuela universidad si siente que no
recibe el servicio educativo adecuado. Una vez que la escuela recibe
el cheque, debe tener completa libertad para que internamente
decidan gastarlo en sueldos, mantenimiento, crecimiento, innovación,
etc., y ninguna institución de gobierno debe ejercer control alguno.
Ninguna escuela debe ser rescatada si funciona mal, es decir, si no
tiene alumnos. Pero aquellas que tengan éxito, deben tener completa
libertad para crecer, poner sucursales, etc. El bono educativo no
es una panacea, pero tiene la virtud de someter a las escuelas al
juicio de los alumnos y padres de familia. Además, se verán en la
necesidad de hacer mejor su trabajo a fin de competir con otras
escuelas. La virtud del bono educativo es que genera una especie de
mercado educativo. El Estado no necesitará dictarles qué hacer, pues
por su propio interés tratarán de mejorar en todos los aspectos para
ganar clientes. Aquellas escuelas que hagan bien su trabajo,
recibirán muchos bonos y estarán en condiciones de ponerse mejores
salarios.
Jamás he encontrado a un padre de familia que se oponga a recibir el
dinero de manos del gobierno para que él mismo decida dónde
inscribir a su hijo.
El sistema del Bono Educativo ya ha sido probado exitosamente en
otros países y es tan solo la primera medida de un gobierno que
quiere mejorar seriamente su sistema educativo. De ser posible, se
debe permitir que el alumno pueda colocar su cheque educativo
mensual tanto en escuelas públicas como en privadas. Vale la pena
hacer notar que introducir el sistema del bono educativo no implica
incrementar el gasto de gobierno.
Una segunda medida para revolucionar nuestro sistema educativo
consiste en permitir que se abran todo tipo de escuelas y
universidades, incluso en el garage de una casa. No se deben pedir
requisitos, ni supervisar por medio de funcionarios de gobierno. El
mercado será quien dé el veredicto de si es buena o mala escuela.
También se debe permitir el arribo de escuelas internacionales a
efecto de incrementar la competencia.
Finalmente, es necesario crear un sistema de financiamiento para que
cualquier alumno pueda estudiar en universidades nacionales o
extranjeras. No se trata de becas regaladas, que corrompen las
conciencias, sino de créditos recuperables.
Éstas son tan sólo algunas medidas para construir el nuevo sistema
educativo que México necesita. ¿Tarea imposible? En absoluto. Solo
es necesario que tengamos el suficiente coraje y la enérgica
decisión para iniciar esta revolución educativa.
*Doctor en Ciencias en Economía Agrícola por la Universidad Autónoma Chapingo
Profesor-investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana
Director del Seminario de Economía Austriaca.
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